La realidad nos impuso un cambio en nuestra práctica.

De una sesión a otra pasamos a trabajar a distancia, online o en cyberanálisis.

Analista y paciente atraviesan la misma crisis y emergencia.

Hay 7 opiniones!


  1. Adriana Anfusso dice:

    Me gustaría intercambiar opiniones en torno a la experiencia “obligada“ de hacer docencia en Psicoanálisis con el formato on-line.
    Personalmente puedo decir que me ha sido de utilidad reforzar lo que expongo en forma oral con láminas de Power Points sobre el tema, de los que habitualmente dispongo. La alternancia entre la percepción visual y la auditiva favorece tanto la comprensión como la retención de los temas dados y hace más llevadera las clases a docentes y estudiantes.
    Algunos estudiantes recurren a grabar las clases cuando les corresponde hacer el acta. Los resultados son mejores o peores de acuerdo al trabajo de elaboración que cada uno dedique a la traslación del texto verbal a su equivalente en lenguaje escrito. Esto no todos los estudiantes lo captan espontáneamente y creo que no está mal explicitarlo ya que se trata de una situación relativamente nueva que, de lo contrario, puede generar inconvenientes.

    Adriana Anfusso

    1. Natalia Castelli dice:

      Hola Adriana, con respecto a tus palabras, coincido en que no es fácil la nueva modalidad en el ámbito educativo para ninguna de las partes. Si bien hace mucho que se imparten cursos a distancia, no cabe duda de que se juega en canchas diferentes, con medios diferentes a los cuales, no queda otra que adaptarse. El aprendizaje llega igual, pero los caminos perceptivos y las herramientas cognitivas a desplegar en estos nuevos ámbitos son propias del tiempo de cada sujeto. Las estrategias que surgían en la interacción con los alumnos, ahora van cambiando de escenario. El uso del espacio físico y del lenguaje gestual- corporal también ha cambiado. Creo que el carácter de ¨obligado¨ de esta modalidad de enseñanza académica es lo que más nos interpela. En realidad, nosotros mismos ya veníamos cambiando vertiginosamente junto con las tecnologías, impulsadas por los medios de comunicación globalizante. Habitamos cambios importantes en el modo de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con el mundo. Y lo cierto es que nos enojaríamos menos con el zoom, meet, y los nuevos espacios de conexión, si nos hubieran permitido irlos descubriendo, deseando encontrar al otro, sin el apuro de la necesidad inminente. Las tecnologías no son la causa ni serán la solución a nuestra necesidad de comunicación, sino un medio más. El malestar en torno a este tema en esta pandemia es para mi punto de vista, la disponibilidad única que encontramos en un mercado al que ya veníamos adictos, a los fetiches tecnológicos compartidos.
      A. de Saint-Exupéry en pleno entorno amenazante de guerra nos mostró un lado tierno y profundo del potencial transicional humano. Hoy, lo seguimos buscando con dificultad, porque cuando ¨lo esencial es visible a los ojos¨, somos lo que se ve y lo que lo demás ven en las vidrieras de las redes sociales. Entonces porque no pensar con mayor optimismo, que nuestros jóvenes educandos logren recrear los desiertos en su subjetividad gracias al repliegue silencioso e introspectivo que requiere el confinamiento.
      Natalia Castelli

  2. Natalia Castelli dice:

    ¿POR QUÉ DURANTE LA CUARENTENA ALGUNOS PACIENTES PUDIERON CONTINUAR EL PROCESO PSICOTERAPÉUTICO DE MODO ON – LINE Y OTROS NO?

    Los invito a pensar juntos, sobre las diferentes variables que acompañaron las subjetividades del par terapeuta- paciente, a la hora de continuar trabajando de modo on-line. Algunos pacientes aceptaron con agradecimiento, otros se negaron rotundamente, otros volvieron pasado algún tiempo. Nuevos espacios habitados. Diferentes experiencias en la clínica con niños, adolescentes y adultos. Hoy, luego de tres meses, algunos pacientes anuncian que prefieren seguir on-line, otros que ya no toleran la conexión por pantalla, otros piden la modalidad combinada, y alguno pide pasar a sesiones por vía telefónica- auditiva, pero no presencial.

    (Espacio y tiempo- Medio ambiente y cuidado psíquico- Confinamiento, convivencia, privacidad, enmarcar la privacidad- Habilidad o fragilidad tecnológica- La pantalla, la imagen, la mirada, la palabra, el sostén del nivel preverbal (gestos, ternura, tono de voz)- la frialdad de la pantalla o es preferida a lo intrusivo en lo presencial- El cuerpo, el psique -soma, la mente- Verdadero y falso self- Espacio transicional- La capacidad creadora- Uso del objeto- Continuidad y confianza- Vínculo transferencial, encuadre, gesto espontáneo, enactments) .

    ¨Escuchame con los ojos¨

    Natalia Castelli

  3. Alicia Baranda dice:

    La pandemia actual determinó mantener los vínculos terapéuticos (prácticamente todos) a través de pantallas y/o protocolos. Fue una necesidad. No nos fuimos acomodando gradualmente, como fuimos hablando por teléfono …..manejando automóviles….viajando en avión. La urgencia llevó a un corte en la continuidad cultural. Desde el psicoanálisis muchas preguntas nos atraviesan…..trasladar conceptualmente la transicionalidad de Winnicott:
    “Superposición de zonas de juego”… Esa suerte de encuentro, de comprensión entre…La sintonía de modalidades que, con suerte, y cada tanto, se crean en el vínculo analítico…..reitero.. se recrean a través del internet actual?? Cuando lo pienso,( aún sin miedo) …. me falta la distensión. Asociación libre, atención flotante…..”lugares”
    psicoanaliticos que implican un cuerpo cómodo y suficientemente distendido. Posicionado para ser atravesado por un self que comprende. Winnicott le propone a la Psicología jerarquizar el “espacio entre..” “lo informe”, la comunicación silenciosa. Y las fallas ambientales las compensariamos con controles mentales, eventualmente disociados del psiquesoma. La espontaneidad se orienta hacia su realización a través de lo creativo, opuesta a modalidades de control rigidizadas. Así pensado, y en este contexto,
    el control contribuye a disociar la mente del psiquesoma. Pues bien….. Cuerpo, Movimiento, Ser, Gesto Espontáneo, preciosas zonas teóricas que nos interpelan ante el uso brusco y….por qué no “adictivo” del ciber-tratamiento.

    Alicia Baranda

  4. Natalia Castelli dice:

    Que privilegio compartir este espacio entre colegas. Coincido con tus primeras palabras Alicia, sobre la urgencia vivida que produjo un corte en la continuidad cultural y no -una gradual adaptación a los nuevos modos de ejercer la psicoterapia. Es cierto, las conexiones on-line fueron una necesidad. También coincido en que la repentina falla ambiental y los temores consecuentes a la pandemia, continúan promoviendo una sobreactividad del funcionamiento mental, que seguimos observando, por ejemplo, en la marea de relatos de lo vivido, entre las producciones científicas actuales. La función mental nuevamente se hace cargo del cuidado y la organización de aspectos del psiquesoma (raíz que se ocupa de la amenaza sobre la continuidad del ser). Winnicott nos ayuda a entender que lo que libera a la madre de seguir siendo necesariamente casi perfecta, es el funcionamiento de la mente del pequeño, en la medida de que el pensamiento empieza a asumir el control y la comprensión. Pero desde un lugar menos saludable, ante un medio amenazador y caótico la mente buscará reemplazar a la madre buena volviéndola innecesaria: falso crecimiento, dependencia – sumisión. En sintonía con los cuestionamientos sobre los cambios que atravesamos desde nuestra práctica clínica, he observado en estos tres meses, que el deseo y la necesidad en ambas partes de hacer uso del espacio terapéutico, más allá de la conexión posible, ha ido generando un intenso aprendizaje a dúo de un modo de estar. He observado varias zonas de esa transicionalidad winnicottiana recreadas en el espacio analítico, otras no tanto. Por ejemplo, en los niños y en algunos adolecentes tempranos la actitud corporal que al principio se veía más rígida, se fue distendido y vimos habitar con mayor distención diferentes espacios en sus hogares, expresándose desde posiciones inimaginadas: acostados en el piso, comiendo, saltando, en paro de mano, debajo de la cama, cantando o jugando con los objetos, hermanos y mascotas, colocando el dispositivo con el visor a la pared, mientras dibujan en silencio, confiando en el sostén virtual del terapeuta y de un self que busca interactuar y comprender. Cómo habitan nuestros adolescentes esta realidad también depende de sus recursos internos, pero también del entorno y aquí incluyo las posibilidades reales de espacios personales, y de acceso a la tecnología (fortaleza o fragilidad tecnológica en el sentido de habilidades y del poder adquisitivo). En los adolescentes y adultos la necesidad de enmarcar la privacidad fue prioridad, luego la imagen de la conexión finalmente lograda. Es cierto que el lenguaje en imágenes y en signos toma la escena y la imagen visual aparece en el foco como espejo o ventana hacia el interior. También lo son las percepciones sonoras, comprobando la vitalidad del otro que alivia. Spitz afirma que en el segundo mes de vida el rostro humano se convierte en un precepto visual privilegiado. Ya no se trata sólo de verse en la mirada del otro, sino también de verse mientras se es mirado e investido por el otro (en general aparecen ambas imágenes en la pantalla). La imagen y el afecto son inseparables, no así afecto -representación. Desde el afecto al sentimiento logramos atenuar la intensidad dolorosa del primer impacto vivido, avanzando hacia su integración en el aparato psíquico. La continuidad se fue posicionando, sobre la red elegida, pantalla, conexión telefónica, o por escrito, como puente transicional en el proceso terapéutico. ¿Y el cuerpo? Para Winnicott, mediante las primeras experiencias vividas lo que al inicio es soma se vuelve un cuerpo y con ello los vacíos representativos por el desequilibrio de la insatisfacción. La interacción con el ambiente y las personas, como experiencia intersubjetiva producirán el nacimiento de la psique. No cabe duda de que hay aspectos empobrecidos a la hora del encuentro en cyberterapia porque hay elementos ausentes. No es un habitat compartido. Sabemos que cada sujeto tiene una determinada configuración espacial, pero la interacción y percepción de su experiencia de espacio y cuerpo en interacción con nosotros está ausente. El desarrollo psicomotor desde un inicio se sostuvo en la matriz vincular que le da significado. Klauss y Kenell señalan la importancia de tocar, tener, mirar para el infante humano. Tampoco están presentes dos sentidos: el olfato y el tacto en la conexión on-line. En los niños, la necesidad de lo táctil la observamos en la insistencia de acercar sus manos y cara a la pantalla y hasta los suaves peluches o mascotas. La audacia imaginativa intacta en la memoria, por el proceso iniciado con anterioridad permitió seguir recreando el espacio virtual de juego. Nos encontramos así recurriendo al uso de los vastos emoticones por Skype, a veces creando historias o retomando los juegos, esta vez con sus muñecos, animales, o usando papel y lápiz. Varios puntos para seguir pensando a propósito de la teoría de la técnica en niños en esta modalidad: no es lo mismo iniciar un nuevo tratamiento on-line que continuar uno con un vínculo transferencial iniciado. La capacidad para la comprensión auditiva y para sostener la atención en los niños es inmadura, en general no toleran los 50 mts. de sesión, nos sorprendemos así agudizando nuestros gestos y expresiones y hasta narcisizando en exceso. Agradecemos de todos modos a los ¨avatars winnicottianos¨ generadores de confianza, esperanza, ilusión y transicionalidad, en medio del paradojal confinamiento.

    Natalia Castelli

  5. danielripesi@gmail.com dice:

    Hola Adriana, gracias por el espacio para poder compartir con ustedes pareceres e ideas en estos tiempos de cuarentena, en la que ha acontecido una ruptura importante de nuestra continuidad existencial, lo que ha afectado también nuestra práctica profesional, circula entre algunos analistas una suerte de lamento vinculado a que la atención remota de pacientes “cansa mucho más” que la atención ordinaria de los pacientes en forma presencial…”. Personalmente comparto -en algunos casos- ese sentimiento, pero me pregunto cuál sería el “esfuerzo extra” que impone ese plus de cansancio inesperado. Se trataría, según creo, de la pérdida de una escenografía que aportaba sus pautas silenciosas de orientación en el encuentro paciente-analista, situando lugares y favoreciendo cierta diferenciación de funciones en ese contexto, reafirmando -si se quiere imaginariamente- los soportes materiales de una identificación posible (tanto para el paciente como para el analista), y permitiendo que la ficción analítica pudiera encontrar los sobresaltos “que se esperan” encontrar en la dinámica propia de una situación analítica. Algo que sin duda excede lo que habitualmente llamamos “encuadre analítico”, y que se refiere a la pérdida de ese territorio que para el analista supone un cierto reaseguro vinculado a estar habitando el ámbito de su propia familiaridad (con sus libros, su sillón, sus cuadros, etc.), con todo lo que tiene eso de resguardo, protección y control. Pero, sobre todo, esta modalidad de encuentro virtual, evidencia que tanto el analista como el paciente están atravesados por las mismas determinaciones que a menudo permanecen insólitamente disimuladas (o incluso negadas) por la escenografía analítica momentáneamente perdida: la de que ambos viven las mismas circunstancias de orden social, los mismos temores, los mismos recaudos, la misma vulnerabilidad. El esquema escenográfico que aporta el consultorio desde ya que no habilita en sí mismo una dinámica propiamente analítica, pero su ausencia desnuda del modo más crudo que -en algunos casos- un vínculo que se presumía “analítico” en la escena habitual, pasa a ser, de un modo mucho menos disimulado, una simple y cansadora charla telefónica. Reconocimiento sumamente interesante si permite comenzar desde allí la construcción progresiva de una experiencia de encuentro mucho más real y significativa, para desbaratar, eventualmente, una estafa mutua de un seudo trabajo compartido.
    Daniel Ripesi

  6. Eliane Gerber dice:

    ¡Que belleza de intercambio! Me queda poco por agregar. Sólo algún apunte más superficial tal vez, creo que las experiencias previas en particular de los terapeutas y docentes cuentan.

    En mi caso había tenido algunas. Había llevado adelante dos procesos terapéuticos, uno aún es curso, con buenos resultados, por teleasistencia. Y a nivel docente, también -con experiencias no tan gratificantes- pero de mucho aprendizaje en el ámbito universitario, obligada también por mi trabajo en la regionalización universitaria uruguaya.

    En lo personal siento que después del primer remesón, que resultó duro para mí y mis pacientes, por todo lo que mueve, me parece, mover el encuadre: emergencia de angustias primitivas podríamos decir (en cierta jerga psicoanalítica) o tocar algo relativo a la dependencia absoluta o a los temores a la discontinuidad existencial, las cosas fueron tomando su curso, un curso nuevo. Lo nuevo deja atrás cosas que ya no podían comparecer pero aparecían cosas nuevas y muy potentes. Muchos pacientes retomaban el gusto por cosas de “su hogar”, muy simples y viejas, pero estructuran-tes, como cocinar, jugar, estar, solo estar, estar en casa y las compartían y las mostraban “por la camarita”.

    También el remesón traía mucho del “dolor social” de la fragilidad de los otros y otras que duele en la propia, por identificación no más o a veces parecía ir creciendo “la capacidad de preocupación por”o la simple y también constatación de la realidad (caen bombas). Gente que muere por millones, se crean fosas comunes, la violencia se recrudece, los informativos estaban durando tres horas -al menos en Uruguay- y a veces las sesiones terminaban y la verdad es que yo sentía que habíamos estado abrazados en la tormenta. Claro que no son todos los pacientes con los que se logra estas alianzas terapéuticas, algunos son casi inasibles y siguieron tan difíciles de alcanzar como siempre, con una nueva coartada de escape (tuve sólo un caso que me fue imposible encontrar como ofrecerle sostén, alguna forma de continuidad sin copresencia física, pero su forma de vincularse era antes de la pandemía esa, abandonar el espacio terapéutico y volver, abandonar y volver).
    Las dos pacientes que decidieron suspender durante los meses que sólo atendí exclusivamente en línea estuvieron definitivamente en barbecho o mejor dicho siguieron trabajando, volvieron recargadas con una potencia impresionante, a destapar los tarros que en marzo parecían estar muy lejos.
    Creo que a la distancia y con el tiempo podremos sacarle aún mucho más jugo a toda esta experiencia.

    Planteo una idea seguramente controversial, yo creo que hemos sido arrancados, en buena medida de nuestros hogares por el Mercado, en forma concreta y ante todo simbólica. Parece que quedarse en casa es de holgazanes, perdedores o depresivos. A muchos la pandemia les dío un respiro, el derecho a no levantarse corriendo tras la agotadora zanahoria del éxito. Estábamos sumergidos a través de lo “social compartido” en una carrera a ninguna parte, agotando el planeta, agotándonos a nosotros mismos, fuimos devueltos en forma obligada y violenta a casa por una pandemia. No creo que este mal, aunque por supuesto es contradictorio y raro que los terapeutas acompañemos en el hogar, vía tecnológica a nuestros pacientes. Quienes también en muchos casos son perseguidos allí por su trabajo, sus cuentas, etc. Creo que lo importante, no es tanto el detalle de cómo nos permite estar la tecnología sino, para qué estamos nosotros allí, sobre todo si estamos para acompañar a que ese retorno “al hogar” y ese “volver a salir de allí” permita una transformación, un transito. A mi me parece que puede ir por potenciar mucho esa idea de “segunda oportunidad” de la que habla nuestro querido Winniccott.
    Eliane Gerber


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