Lic. Psic. Adriana Anfusso

Resulta interesante examinar las creencias religiosas de Winnicott y relacionarlas con su teoría y con su postura vital. Nació en una familia que se definía como metodista wesleyliana, hecho que sin duda lo marcó. Compartió dichas creencias hasta su época universitaria pero siendo estudiante de Medicina adhirió a la religión anglicana por razones que no se conocen. Finalmente fue acercándose al ateísmo, o quizás sea mejor decir, a una forma personal de religiosidad. «Educado como metodista wesleyliano, con el tiempo abandoné las prácticas religiosas, y siempre he encontrado satisfactorio el hecho de haber recibido un tipo de educación religiosa que me diera la posibilidad de dejarla de lado.» Es necesario destacar que toda su vida Winnicott se interesó fuertemente por lo científico, lo artístico y lo religioso, temas que adscribió a su categorización de lo transicional.

En 1954 escribe una carta a Michael Fordham donde le comenta: «Es preciso poder contemplar las creencias religiosas y el lugar que ocupan en la Psicología sin considerarlas un rival de la religión personal de nadie. He encontrado personas que pensaban que yo era antirreligioso en algunos de mis escritos, pero siempre resultó que lo que les molestaba era que yo no fuese religioso según la manera particular en que lo eran ellos.»

En épocas de bibliotecas, me puse a rastrear datos sobre el protestantismo y encontré que el metodismo fue fundado alrededor de 1730 por Wesley y un grupo de disidentes del anglicanismo, la religión oficial del Reino Unido hasta el día de hoy. Wesley y sus adeptos consideraban que la religión anglicana se había aletargado. En su deseo de vivificar la prédica del Evangelio propusieron un tipo de vida metódica para encarar las actividades relacionadas con la fe: reuniones para leer la Biblia (regla suprema del culto) y para rezar entonando himnos y salmos, visita a enfermos y presos, alfabetización de niños pobres, recorridos de millas y millas a caballo para evangelizar a los trabajadores maltratados por la incipiente Revolución Industrial. Divulgaban sus creencias haciendo misas campales ya que tenían prohibido acceder a los templos anglicanos.

Wesley creía en la salvación por la fe, no por el ritual. Para adherir al metodismo sólo se requería haber tenido una experiencia personal de «conversión». Si bien contó con la colaboración de ministros ordenados en forma regular, como él mismo, concedió un rol protagónico importante a los fieles laicos, tanto hombres como mujeres, solteros o casados, quienes los domingos podían actuar como predicadores aunque el resto de la semana desempeñaran trabajos cualesquiera en sus comunidades. Wesley fue un líder carismático de reconocida cultura y buen humor cuyas ideas cambiaron la vida de millones de personas en el mundo. Sus sermones eran rechazados por la religión oficial por demasiado «entusiastas» y sus seguidores eran calificados de «energúmenos» por mostrarse excesivamente alegres, activos y autónomos. Se alineaban con el humanismo tanto en lo moral como en lo teológico, al punto que sus defensores fueron llamados «padres de la tolerancia». Discrepaban fuertemente con el calvinismo y su doctrina de la depravación del hombre por el Pecado Original que postulaba la predestinación y proclamaba que Dios, por su sola complacencia, elegía a ciertos hombres para vivir en la gloria eterna. Tal decisión absoluta, arbitraria e inamovible de Dios condenaba al resto de la humanidad a vivir y morir como pecadores, y por tanto a terminar en el infierno. Muchas cartas de Winnicott a sus contemporáneos hacen pensar que creía que la teoría y la técnica kleinianas, tal como se aplicaban en aquel momento, participaban del pesimismo calvinista en cuanto a la naturaleza humana. Cuando un paciente se mostraba envidioso o destructivo se le destacaban dichas características. Cuando se mostraba constructivo o generoso se interpretaba que detrás de su intento reparatorio pulsaba su agresividad innata, no quedándole otra alternativa que sentirse malo… o malo. Todo esto debido a un estilo interpretativo que, aunque hoy en desuso, en su época pudo resultar muy culpabilizante aún sin proponérselo. Por el contrario, la teoría de la «preocupación por el otro» propuesta por Winnicott implica una concepción del hombre más benevolente y dialéctica que la de la mera culpa. Winnicott postula como base de la cura «la toma de conciencia de la destructividad (que) posibilita la actividad constructiva» . Y viceversa, considera que son las experiencias constructivas y creativas reconocidas y aceptadas por la madre, el analista o cualquier otro significativo, las que condicionan el acceso a la experiencia de destructividad que inevitablemente anida en todos nosotros.

Hay 6 opiniones!


  1. Elida Casas dice:

    UN APORTE MAS AL TEMA
    PSIC. ELIDA CASAS
    La educación religiosa de la infancia de Winnicott no le impidió seguir su propio camino y tener sus creencias. Fue siempre fiel a sí mismo en todos los aspectos de su vida. Rechazó los dogmas tanto en el ámbito de la fe, como en la producción teórica y práctica de su vida. Se situó en un grupo intermedio entre las posturas freudiana y kleiniana.
    Partió de un amplio concepto sobre la naturaleza humana, la cual se abre camino si las provisiones ambientales son suficientes. La naturaleza humana es un proceso natural, ¨ es casi todo lo que tenemos ¨ nos dice, y estudiarla es una tarea que no tiene fin.
    Ya en 1963 Winnicott ponía el acento en los sentimientos, de confianza originados en los cuidados estables del medio, que le permitirán al bebé cumplir su proceso de maduración ininterrumpido, hacia la ubicación de la tercera zona transicional, la de la experiencia cultural, donde se darán cita las intensas experiencias del arte, la religión y el juego creador.
    En 1970 Winnicott amplía su concepción y ya no describe tanto la capacidad del niño para creer, sino que pone el acento en la capacidad para trascender. Se tendrá que aceptar la paradoja incuestionable ¿¨lo hiciste tú o te lo dieron¨?
    Cuando el ser humano trasciende su condición humana y llena el vacío producido por la separación, son los fenómenos transicionales los que aparecen en la tarea de contactar con la realidad externa, siendo estos los puentes que unen la psiquis individual con la del mundo exterior.
    El concepto sobre las paradojas tan pleno en su obra, nos demuestra su gran capacidad para entender al ser humano. Para Winnicott, la religión y la moral no se imponen, surgen de la capacidad innata del ser humano para tener fe.
    Se coloca del lado terapéutico y reparador cuando destaca el valor del área transicional, reconstruye los vidrios rotos, pero únicamente si el bebé recibió suficientes oportunidades de confianza. La confianza en el medio genera autoconfianza, proceso continuo de retroalimentación.
    Después de que el bebé desarrolla su capacidad de creer en algo, es que se le podrá transmitir el dios de la familia o el de la sociedad a la que pertenece.
    Respecto a las paradojas el Dr. Prego nos decia: «porque al fin de cuentas, para aceptar sin discutir una paradoja, se requiere de una capacidad para creer»

  2. Jimena Valdés dice:

    Recién me acerco al pensamiento de Winnicott, pero mi historia de vida no tiene más que confirmar sus planteos. Nací bajo la privación de libertad, por razones políticas de mis progenitores, me crié en un hogar alterno familiar, sin conocer la identidad de mi padre biológico hasta los 11 años. Fui llevar a y acompañada por una tía a la Iglesia Evangélica Armenia. Ahora soy subdirectora de un liceo, docente de aula y de manera permanente me encargo de los ‘insoportables aquellos que el sistema institucional no tolera, sea por sus disrupciones o por sus altas capacidades.
    Estoy emocionada de seguir comprendiendo y utilizando las ideas y prácticas del autor.

    1. adriana.anfusso@gmail.com dice:

      ¡No cabe más que celebrar el que a pesar de haber vivido situaciones tan traumáticas, hayas podido superarlas y te hayas convertido en el apoyo de chicos que, a su vez, reclaman atención y cariño especiales! La vida ofrece estas oportunidades y es muygratificante conocerlas y compartirlas.

  3. Carlos nemirovsky dice:

    Gracias a Adriana y a las comentaristas. Winnicott fue muy coherente en sus creencias y en su vida.
    Quizà por razones de simpatía personal siempre me pareciò muy cercano a Spinoza que si bien era judìo, monoteísta obviamente, cuando plantea que Dìos no es diferente a la naturaleza (y ademas renegaba de los templos) cae en mi memoria muy cerca de la concepción de la naturaleza humana de Winnicott que pone la creatividad y la expresión de lo propio y autentico por encima de la adaptación sumisa. Abrazo a los de enfrente!

    1. Carlos nemirovsky dice:

      Recordemos también La ética y la educación art. en en que DW plantea que:
      Con respecto a la religión y a la idea de un Dios, encontramos dos extremos claros: el de quienes no saben que el niño tiene capacidad para crear un Dios, y le implantan la idea lo antes posible, y el de quienes aguardan y ven los resultados de sus esfuerzos por satisfacer las necesidades del infante en desarrollo. Estos últimos, como ya he dicho, le presentarán al niño los dioses de la familia cuando él haya llegado a la etapa de su aceptación. El patrón que establezcan será mínimo, mientras que en el primer caso lo que se desea es precisamente establecer el patrón, y al niño sólo le cabe aceptar o rechazar esa entidad esencialmente extraña, el concepto de Dios implantado.

  4. adriana.anfusso@gmail.com dice:

    Sí, sí. ¡”lo propio … por encima de la adaptación“ encastra con el lugar princeps que le concede al verdadero self!

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