Radisson Victoria Plaza HotelMontevideo/Uruguay
2021 - fecha a definir

Variantes de la Presencialidad en el mundo en que vivimos

Participación de Guillermo Carvajal. Winnicott Colombia
María Luisa Silva Checa – Winnicott Perú – SPP
Presentación de Olinda Serrano de Dreifuss. Winnicott Perú – CPPL
Participación de Denise Martínez Souza. Winnicott Brasil – CEPDEPA
Participación de Cleon Cerezer. Seminários Winnicott – Brasil
Participación de Lucio Alberto Gutiérrez Herane Seminários Winnicott – Chile

Lic. Psic. Adriana Anfusso

Resulta interesante examinar las creencias religiosas de Winnicott y relacionarlas con su teoría y con su postura vital. Nació en una familia que se definía como metodista wesleyliana, hecho que sin duda lo marcó. Compartió dichas creencias hasta su época universitaria pero siendo estudiante de Medicina adhirió a la religión anglicana por razones que no se conocen. Finalmente fue acercándose al ateísmo, o quizás sea mejor decir, a una forma personal de religiosidad. “Educado como metodista wesleyliano, con el tiempo abandoné las prácticas religiosas, y siempre he encontrado satisfactorio el hecho de haber recibido un tipo de educación religiosa que me diera la posibilidad de dejarla de lado.” Es necesario destacar que toda su vida Winnicott se interesó fuertemente por lo científico, lo artístico y lo religioso, temas que adscribió a su categorización de lo transicional.

En 1954 escribe una carta a Michael Fordham donde le comenta: “Es preciso poder contemplar las creencias religiosas y el lugar que ocupan en la Psicología sin considerarlas un rival de la religión personal de nadie. He encontrado personas que pensaban que yo era antirreligioso en algunos de mis escritos, pero siempre resultó que lo que les molestaba era que yo no fuese religioso según la manera particular en que lo eran ellos.”

En épocas de bibliotecas, me puse a rastrear datos sobre el protestantismo y encontré que el metodismo fue fundado alrededor de 1730 por Wesley y un grupo de disidentes del anglicanismo, la religión oficial del Reino Unido hasta el día de hoy. Wesley y sus adeptos consideraban que la religión anglicana se había aletargado. En su deseo de vivificar la prédica del Evangelio propusieron un tipo de vida metódica para encarar las actividades relacionadas con la fe: reuniones para leer la Biblia (regla suprema del culto) y para rezar entonando himnos y salmos, visita a enfermos y presos, alfabetización de niños pobres, recorridos de millas y millas a caballo para evangelizar a los trabajadores maltratados por la incipiente Revolución Industrial. Divulgaban sus creencias haciendo misas campales ya que tenían prohibido acceder a los templos anglicanos.

Wesley creía en la salvación por la fe, no por el ritual. Para adherir al metodismo sólo se requería haber tenido una experiencia personal de “conversión”. Si bien contó con la colaboración de ministros ordenados en forma regular, como él mismo, concedió un rol protagónico importante a los fieles laicos, tanto hombres como mujeres, solteros o casados, quienes los domingos podían actuar como predicadores aunque el resto de la semana desempeñaran trabajos cualesquiera en sus comunidades. Wesley fue un líder carismático de reconocida cultura y buen humor cuyas ideas cambiaron la vida de millones de personas en el mundo. Sus sermones eran rechazados por la religión oficial por demasiado “entusiastas” y sus seguidores eran calificados de “energúmenos” por mostrarse excesivamente alegres, activos y autónomos. Se alineaban con el humanismo tanto en lo moral como en lo teológico, al punto que sus defensores fueron llamados “padres de la tolerancia”. Discrepaban fuertemente con el calvinismo y su doctrina de la depravación del hombre por el Pecado Original que postulaba la predestinación y proclamaba que Dios, por su sola complacencia, elegía a ciertos hombres para vivir en la gloria eterna. Tal decisión absoluta, arbitraria e inamovible de Dios condenaba al resto de la humanidad a vivir y morir como pecadores, y por tanto a terminar en el infierno. Muchas cartas de Winnicott a sus contemporáneos hacen pensar que creía que la teoría y la técnica kleinianas, tal como se aplicaban en aquel momento, participaban del pesimismo calvinista en cuanto a la naturaleza humana. Cuando un paciente se mostraba envidioso o destructivo se le destacaban dichas características. Cuando se mostraba constructivo o generoso se interpretaba que detrás de su intento reparatorio pulsaba su agresividad innata, no quedándole otra alternativa que sentirse malo… o malo. Todo esto debido a un estilo interpretativo que, aunque hoy en desuso, en su época pudo resultar muy culpabilizante aún sin proponérselo. Por el contrario, la teoría de la “preocupación por el otro” propuesta por Winnicott implica una concepción del hombre más benevolente y dialéctica que la de la mera culpa. Winnicott postula como base de la cura “la toma de conciencia de la destructividad (que) posibilita la actividad constructiva” . Y viceversa, considera que son las experiencias constructivas y creativas reconocidas y aceptadas por la madre, el analista o cualquier otro significativo, las que condicionan el acceso a la experiencia de destructividad que inevitablemente anida en todos nosotros.

LIC. PS. LAURA DE SOUZA

XXVIII ENCUENTRO DEL PENSAMIENTO DE WINNICOTT.
EXPERIENCIAS DEL SER, DEL HACER Y DEL VIVIR.
14 AL 17 DE NOVIEMBRE 2019 PORTO ALEGRE

Comparto un trabajo presentado en el último Encuentro realizado en Porto Alegre en el año 2019.

Se trata de un tema complejo, poco frecuente y de difícil diagnóstico pero considero que con mayor frecuencia aparecen casos con algunos indicadores que suponen un importante sufrimiento para el niño y los padres.

Considero importante pensar con otros y con ese objetivo pongo a disposición mi contribución sobre el tema.

Suely Duék

Miembro efectivo del Círculo Psicoanalítico de Río de Janeiro

En respuesta a una corriente psicoanalítica que apunta a la muerte del psicoanálisis, encontramos en “Freud, Pensador de la Cultura”, un libro editado en 1985, en “Intervenciones”, y en el último año en “Sociedad, Cultura y Psicoanálisis” la reacción de Renato  Mezan, que demuestra por qué el psicoanálisis no se está acabando ni se acabará, podemos decir que este tiene razón.

Freud,  en su texto de 1913,  “El interés científico del psicoanálisis”, hablando con los médicos, comienza diciendo que “el psicoanálisis es un procedimiento médico que tiene como objetivo curar ciertas formas de enfermedades nerviosas a través de una técnica psicológica”.

La apertura de Freud como médico, demostrando el núcleo del psicoanálisis como psicológico, dio paso al psicoanálisis aplicado, la natural descendencia del psicoanálisis clínico, para pensar en un conocimiento que no sea clínico, es decir, la cultura y el arte.

Así, el psicoanálisis no solo sobrevive, sino que vive en la actualidad de lo psíquico, en los contenidos del inconsciente.  

Esta práctica inaugurada por Freud explica bien que el objeto del psicoanálisis no es solo lo que ocurre en las sesiones de terapia, sino que incluye todos los contenidos psíquicos, sociales y culturales.

Mezan prefiere el término psicoanálisis implícito y explica: “El analista no solo es un profesional en terapia, és también un ciudadano involucrado en el tejido de su tiempo”.

La cantidad de fenómenos clínicos y los procesos de la sociedad contemporánea traen nuevas demandas del analista, que necesita moverse entre los diferentes tipos de conocimiento, conocer la cultura no solo relacionada con el entorno de su cliente, sino también conocer la historia y la política de su tiempo.

Hoy preferimos el término psicoanálisis extendido, porque además del psicoanálisis de la cultura también incluimos el covid-19 y la consulta remota, no presencial.

Es importante que el analista encuentre su capacidad para investigar el mundo, para trabajar en estos puentes señalados por Freud y Mezan, porque el analista, además de un profesional de la terapia, también es un individuo que pertenece a lo social.

Estamos involucrados en la relación con nuestros clientes y con el ecosistema, la biotecnología y los diferentes caminos de la tecnología, o sea, todo lo que hace girar al planeta.

Para basar la vida efectiva del psicoanálisis y también la inserción del analista en la cultura y la política, utilizamos esta triste “oportunidad”, la catástrofe sanitaria, física y mental en la que estamos viviendo, la pandemia de virus corona que nos deja aislados, una enfermedad que  no es honorable y que nos hace enfrentar la muerte, nos aleja de nuestros entes queridos y nos trae mucho sufrimiento a todos nosotros, analistas y pacientes.

Este año nos sorprendió la nueva covid 19, una pandemia que causó un número absurdo de muertes, resultando en pérdidas existenciales y materiales incalculables para los más necesitados.

Una enfermedad que nos paralizó de varias maneras, incluso haciéndonos imposible trabajar en nuestras oficinas, en las aulas, en las escuelas, excepto por medios virtuales.

Plagado por varios tipos de miedo y odio que se configuran según las regiones y las diferencias individuales, alimentados por el neoliberalismo y la desconfianza, vivimos con docenas de interpretaciones sobre el origen del virus, incluso  la versión que dice que este virus fue  fabricado en laboratorio con fines económicos y políticos.

Su carga viral y su invisibilidad hizo transparecer la falta de confianza entre los líderes de los diferentes países del mundo y también entre los individuos.

La confiabilidad y la solidaridad, el cuidado con los demás y con todo lo que nos rodea, conceptos importantes en la teoría de Winnicott desde la relación madre-bebé, serán el camino hacia el nuevo pos-covid normal, si queremos la integración de la salud y la paz,  porque los humanos aún no han logrado formar la humanidad.

La desigualdad, la falta de solidaridad, el consumismo y la competencia en el siglo XXI socavan las promesas hechas por  la globalización del siglo XX.

Las terribles noticias resultantes de la relación miedo-odio nos traen imágenes trágicas similares a las de la Segunda Guerra Mundial, donde Ana Frank estuvo escondida en el ático durante dos años y luego murió, ya que estamos cumpliendo aislamiento en la lucha contra el virus, pero con una diferencia básica: hoy tenemos el progreso  de la  buena tecnología en nuestro favor, y las personas necesitan saber cómo usarla adecuadamente.  Como nos dice el sociólogo Boaventura Souza Santos: “los que no temen no tener esperanza tendrán esperanza”.

El historiador y filósofo Uyval Noah Harari dice que el antídoto contra la epidemia no son los muros, mucho menos la segregación, sino que un cambio en la economía social, y para que eso suceda, recordando a Winnicott, es necesario que la especie humana construya una  base sólida de confiabilidad en las relaciones entre ricos y pobres, en el cuidado del otro, de la tierra y de todo lo que nos rodea.

¿Qué escenario encontramos hoy en el mundo?  El abandono  de los hospitales, la destrucción del ecosistema, el consumismo y la “concentración de ingresos con quienes poseen los datos” (Harari – 21 lecciones para el siglo XXI), el abandono de los países pobres y la delegación de importaciones de  los países “hermanos”, pues ante la catástrofe de la invisibilidad del virus, todos se engañaron con  este tipo de “confianza” en el otro, ya que, en el momento de la lucha por la supervivencia, experimentaron una competencia desleal.

La salud fue desechada y aquellos que no invirtieron en sí mismos fueron golpeados, decepcionados y traicionados, porque el dinero ganó el mercado y este venció.

Los que tenían más dinero compraron su supervivencia, tal vez su vida. Ahora todos necesitan plantar de todo en su territorio si quieren cosechar, preparándose para días difíciles nuevamente.

Estamos acostumbrados a pensar en la salud, pero no a brindar una mejor atención a los vulnerables. Esta es una verdad que nos elude.

Las epidemias no respetan las fronteras y discriminamos a otros países, somos xenófobos y no promovemos la unidad.

La humanidad necesita tomar una decisión: ¿Seguir por el camino de la desunión, o adoptar el camino de la solidaridad global?  Si elegimos la desunión, no solo se prolongará la crisis, sino que probablemente provocará catástrofes aún peores en el futuro.

Si una pandemia no sirve para un cambio saludable en la conexión entre todos los pueblos, corremos el riesgo de dividirnos en castas, pues la tierra no puede continuar sirviendo a la desigualdad del mundo.

La igualdad, que se convirtió en un ideal en el siglo XX, se está derrumbando en el siglo XXI. Los gobiernos estaban invirtiendo en educación y salud y reduciendo la desigualdad, y toda una generación creció con la esperanza de que no habría países pobres ni países ricos. Sin embargo, lo que vemos es que la globalización ha beneficiado a la humanidad, pero a algunos más que a otros.

Nuestros estudios de psicoanálisis demuestran la importancia del bienestar en nuestras vidas, la importancia del afecto y del cuidado, el peligro de fallas básicas no reconocidas, la discontinuidad en el desarrollo del individuo.

La crisis, en el caso de la epidemia, es también un momento en que ocurren reacciones aberrantes, como el odio.

En Nueva York, los neonazis y los supremacistas blancos están alentando a los miembros a difundir el covid-19 a la policía y los judíos (según un informe del FBI obtenido por ACB News) a través de fluidos corporales e interacciones personales.

Cuando apareció la proliferación del SIDA, muchas víctimas también tuvieron relaciones sexuales con personas para contaminarlas.

La repetición de las normas de relación, como la rebelión, son formas de convivencia conocidas como civilizadas por la acumulación de la demanda de cultura de la segunda mitad del siglo XX.

Para algunos pensadores modernos, el inconsciente del sujeto ya no es el de la represión de Freud, es el inconsciente del odio, donde la falta y la pérdida se disocian sin un cordón de creatividad que pueda unirlos hacia la  elaboración.

El inconsciente está relacionado con el no reconocimiento de la diferencia del otro, con la otredad, con el no permitirse pensar desde la figura del otro, una forma de perversión común en la sociedad.

Las ideas opuestas funcionan como una estrategia de supervivencia, donde el límite entre lo normal y lo patológico es borroso.

Con este escenario, ¿qué necesitamos o vamos a hacer?  ¿Cómo lidiar con esta situación?  Todo indica que diferentes grupos humanos tendrán futuros muy diferentes si solo hay un propietario de los datos, pues la tierra ya no será el motivo de la guerra.

El peligro sigue siendo la concentración de datos, de riqueza, en manos de un solo grupo, y seremos su producto, es decir, humanos sin autonomía.

Si el cambio es necesario donde el psicoanálisis del cuidado con el otro trabaja para fortalecer el vínculo social, ayuda a las personas a no ser meros productos de otros que toman decisiones por nosotros.

¿Qué les vamos a enseñar a los bebés del siglo XXII? ¿Les vamos a enseñar cómo evitar conflictos, cómo odiar al odio que sienten, diciendo simplemente “odio” hacia un lugar vacío y desvectorizado que está en todas partes y en ninguna parte, sin saber cómo salir del conflicto, porque no están dispuestos a dar legitimidad a un lugar de excepción?  ¿O les vamos a enseñar a encontrar los puntos positivos en sí mismos para formar un vínculo social sólido y construir el colectivo?  Cuando el odio al odio ya no puede mantener su distancia, se desborda y surge la explosión de violencia, sociedades donde los sujetos buscan minas terrestres y luego, cuando ya no funcionan como una prohibición, cuando no hay forma de metabolizar el odio, matan para no morir.

Intimidados ante algo más grande como una pandemia que maltrata a todos por igual, pero principalmente a los pobres, vemos la fragilidad del vínculo social que no tiene a nadie más para abordar el odio, porque este enemigo es desconocido y requiere unidad colectiva.

Hay innumerables casos de violencia doméstica que aumentan precisamente porque el sujeto se siente frágil frente al virus, incapaz de dominarlo, temeroso, por lo que debe demostrar que es fuerte y que no se deja subyugar.

Los bebés no nacen construidos y Winnicott habla de esto muy bien cuando describe los pasos para el desarrollo saludable del individuo, la importancia del ambiente donde vive el niño, la continuidad de la presencia emocional de la madre o del cuidador, quien ofrecerá  espacio para que se viva el amor, pero también el odio que permite la supervivencia, la representación que proporcionará la transmisión del mundo al niño.

El principal problema que surge es el de la transmisión.

La construcción en el niño no es espontánea, cuando no tiene suficiente representatividad de transmisión no es parte de su mundo de pensamiento, no pensará que otros son diferentes de él o que otros lugares son diferentes de su lugar.

La falta de transmisión tiene consecuencias para las generaciones siguientes,  es una arma en la mano para desastres, incapaz de enseñar cómo lidiar con lo desconocido.

Entonces apostemos en el cambio de los humanos, el virus nos ofrece esta oportunidad, a pesar de las pérdidas, o simplemente por las pérdidas…

El paso del tiempo nos permite por lo general ir viviendo diversos tipos de experiencias y el transcurso de la historia de la humanidad va cargada de situaciones y momentos históricos que para la mayoría de las generaciones en curso hace que las mismas sean inéditas.

Lo que comenzó muy a principios de este año 2020 y aún hoy estamos viviendo con la pandemia del COVID-19 se constituyó sin dudas en una nueva experiencia para todas las personas que habitamos este planeta.

Si bien ya han habido varios episodios a lo largo de la historia de fenómenos de gran cantidad de contagios y fallecidos, esta tuvo por sus características algo muy distinto.

No fue como el caso de experiencias muy recientes como el SARS o gripe aviar que quedó circunscrita a unos pocos países, no, está fue una situación que no quedó lugar del planeta prácticamente sin que llegase la pandemia.

En este caso aristas propias de nuestro tiempo conforman con ella particularidades que la hacen distinta.

Los fenómenos de lo virtual, de la comunicación en tiempo real de lo que está aconteciendo en otro punto del planeta, fueron anticipándonos el escenario al que nos íbamos a enfrentar y a la nueva experiencia que íbamos a vivir. No obstante parece que no fue suficiente para poder asimilar y aceptar que algo nuevo efectivamente se iba a imponer en nuestro diario vivir.

Cabe destacar también nuestro encomiable esfuerzo por negar lo que se venía tanto a nivel de nosotros mismos como personas, ciudadanos, así como también la negación emergió en el plano país y sus instituciones.

Cuando todo comenzó en el lejano oriente por China lo que primó fue que una vez más por esos lugares lejanos iba a ocurrir un nuevo episodio como el SARS o gripe aviar o porcina. Luego al llegar a Europa y ver que de la tierra de nuestros ancestros comenzó a sobrevenir con una virulencia no esperada y las imágenes empezaron a desbordar no solo los noticiarios y diversos medios de prensa sino que a través de nuestros celulares, computadoras, tablets, podíamos ir siguiendo día a día y hora a hora las imágenes y testimonios de lo que ocurría.

Pero cuando esto comenzaba, la gente de estas latitudes de nuestra América seguía viajando sin pensar ni dudar un instante, desde fines de febrero y ya bien adentrado marzo había gente que seguía partiendo para lugares que la pandemia ya se había desatado de forma ostensible.

Hasta nuestro gobierno saliente en la segunda quincena de febrero a través de la Cancillería realizó una donación de insumos básicos a China para combatir el coronavirus, desde tapabocas a respiradores!!! Tamaña negación en todos los niveles, incluso los que debían considerar y sopesar por la responsabilidad de sus cargos en velar por la vida de sus ciudadanos se convencían en esa fecha que esos problemas eran tan solo de otras latitudes.

¿Negación? Más parece ya desmentida.

Y nosotros en nuestro trabajo con nuestros pacientes también estábamos viviendo toda esta situación que se venía día a día cruzando el océano y luego por nuestros hermanos americanos pero de la cual poco y nada se hablaba en los consultorios, y si se lo hacía era referido como un escenario ajeno, algo que a nosotros no nos iba a tocar, y que ese espacio tan especial construido entre nosotros y nuestros pacientes la ilusión que se constituyese como un más allá de todo ese escenario, una suerte de bunker inexpugnable.

¿Cuántos de nosotros nos tomamos algo de tiempo para ir trabajando con nuestros pacientes, y padres de nuestros pacientes menores de edad este escenario que se nos venía a pasos agigantados?

A casi tres meses del inicio de este nuevo escenario y experiencia inédita de lo hablado con unos cuantos colegas hay una casi unanimidad de relatos de lo desprevenidos que nos tomó esta situación y la ausencia de trabajo previo con nuestros pacientes sobre cómo íbamos a seguir trabajando si es que se podía continuar haciéndolo. Pero lo quizás lo que más nos costaba asumir era como eso nos iba a afectar más allá si el trabajo se continuaba tal como lo veníamos haciendo en forma presencial, o pasábamos a hacerlo a distancia o si el paciente o nosotros mismos no nos encontrábamos en condiciones de continuar de manera alguna.

¿Acaso para que nos pasara esto, una gigantesca capacidad en negar lo que irremediablemente nos iba a ocurrir tuviera raíces en un tipo de experiencia del orden de lo impensable? Desde luego que esto que se nos venía generaba la sensación por lo visto no consciente para casi todos y amenazaba con barrer no solo el encuadre sino quizás bastante más que eso, y no porque fuese poco, sino además por el hecho de no poder mentalizarlo, no lograr conectarnos con algo que sin percatarnos ya lo estaríamos viviendo como profundamente intrusivo.

Una de las dimensiones que quedó notoriamente alterada en nuestro trabajo fue la de espacio-tiempo. Esa unidad que termina conjugándose con esos dos ejes fuertemente entrelazados fue uno de los aspectos que sufrió un quiebre.

Ese espacio construido entre nosotros y nuestros pacientes donde se desplegaba ese encuentro quedó súbitamente transformado. Sin dudas que la transformación fue mucho más visible cuando con ese paciente tuvimos que pasar a verlo a distancia, pero también en los casos que se pudo continuar con el abordaje presencial sin haber realizado un corte aunque de forma más silenciosa irrumpió algo que aunque se mencionase muy poco en lo discursivo estaba igualmente presente.

En lo que fue para la mayoría de los casos, dependiendo de cada país y de cada ciudad, provincia y departamento, el pasaje de recibir al paciente, esperarlo a que se trasladase a nuestro consultorio y nos tocara el timbre o esperase en la sala de espera pasamos a llamar al paciente o ser llamados por los mismos. Pasamos del paciente que se dirigía a ese espacio físico y vivencial único donde se producía cada sesión, a “encontrarnos” en la casa del paciente, o a veces en algún otro espacio. En algunas situaciones el paciente aparecía en escenarios diferentes dentro de su casa o fuera de la misma e incluso en ciudades diversas cuando la situación sanitaria lo permitía. Por si fuera poco en muchos casos nosotros también nos encontrábamos en otro escenario cuando no podíamos hacerlo de nuestro consultorio por diversas circunstancias.

Pero este espacio modificado a su vez iba acompañado de la mano de otro cambio, el de la temporalidad. ¿Qué pasa con esta dimensión de tiempo que opera de manera silenciosa en nuestro diario vivir? ¿De qué forma opera este tiempo en el paciente que por ejemplo le lleva trasladarse desde donde se encuentre previamente sea donde sea, pero que entre otras cosas implica salir a la calle y transitar por la vía pública sea en auto, metro, taxi, ómnibus o caminando? ¿De qué manera ese tiempo opera en el paciente mientras se despoja del espacio previamente ocupado ligado a otro tipo de registros y emociones, mientras va transitando hacia otro espacio muy distinto que no tiene que ver con ningún otro?

¿Cómo se desprende el paciente de lo que hace un instante atrás estaba realizando desde su casa algo plenamente doméstico, ayudando a un hijo con una tarea escolar o preparando comida para el almuerzo o cena, o discutiendo con un miembro de la familia o teniendo que dejar por la mitad algún tipo de tarea todo esto sin disponer de un tiempo de separación y tránsito hacia otro lugar y dimensión?

Ese tiempo dedicado a sí mismo que va indisolublemente ligado a un espacio parece difícil que no se vea afectado de alguna forma y con ello el trabajo analítico en curso.

¿Qué lugar pasamos a ocupar cuando se genera un cambio de estas características donde la sesión se puede tener en situaciones muy diversas, tanto en lo espacial como el entorno que rodea al paciente?

Pero también como lo señalaba anteriormente el entorno nuestro también cambiaba, si nuestro consultorio quedaba fuera de nuestra casa y no disponíamos de telefonía de base y la misma no se podía conseguir en poco tiempo, pasábamos a atender desde nuestra casa en un ambiente muchas veces improvisado y donde también nosotros nos sentíamos perdiendo ese espacio físico indisolublemente ligado a nuestra identidad como analistas.

También teníamos que tener cuidado en no sentirnos escuchados por las demás personas que se encontraran cerca, como también nos podía afectar sentirnos vistos por nuestros pacientes en otro ambiente y de una forma distinta por encima de todo. Lo que se ve del otro pasa a ser mucho más limitado desde ese primer plano que obteníamos en una pantalla más allá de la herramienta específica, pero paradojalmente también pasaba a ser más amplia donde se podían percibir o escuchar otras voces, ruidos y también a veces interrupciones o apariciones imprevistas de otros miembros de la familia.

Para quienes pudimos mantener el trabajo presencial con algunos pacientes mientras con otros se pasó a continuar el trabajo a distancia, ese contraste en lo cotidiano nos generaba múltiples sensaciones extrañas, en particular cuando el trabajo a distancia se realizaba desde nuestro hogar, trasladándonos a diario de un lugar a otro siendo analistas presenciales y virtuales en la misma jornada.

Aún así en los países como en Uruguay donde existió la posibilidad de elegir y mantener la libertad de salir de nuestro hogar a trabajar u otras situaciones sentidas como necesarias como por ejemplo mantener ese espacio compartido con un otro, también existió la posibilidad de acordar la continuidad del trabajo a distancia, pero aún así terminaba siendo una decisión de ambas partes para mantener y dar continuidad a ese espacio conformado entre paciente y analista. Esto no fue en absoluto un detalle menor dado que ante todo fueron ambos que pudieron crear esa alternativa. Ni uno ni otro, sino ambos protagonistas de esa nueva modalidad; no impuesta por nadie de afuera, por un decreto sino como una de las posibilidades que existía.

Cuando por el contrario se decretó la prohibición de hacerlo y eso se impuso como aconteció en muchos países, la vivencia experimentada en dicho espacio seguramente habrá sido distinta, posiblemente vivida de forma intrusiva.

Evocando a Winnicott cuando se explayaba sobre la idea de creatividad: “Lo que hace que el individuo sienta que la vida vale la pena de vivirse es más que ninguna otra cosa, la apercepción creadora. Frente a esto existe una relación con la una relación con la realidad exterior que es relación de acatamiento; se reconoce el mundo y sus detalles pero solo como algo que es preciso encajar o que exige adaptación. El acatamiento implica un sen@miento de inu@lidad en el individuo y se vincula con la idea de que nada importa y que la vida no es digna de ser vivida…. De uno u otro modo nuestra teoría incluye la creencia de que vivir en forma creadora es un estado saludable y que el acatamiento es una base enfermiza para la vida. No cabe duda de que la ac@tud general de nuestra sociedad y el ambiente filosófico de la época contribuyen a este punto de vista que sostenemos aquí y ahora. Quizás no lo habríamos afirmado en otra parte y otra época.” (1) Parece ser muy oportuno rescatar la vigencia de este profundo concepto de D.Winnicott de creatividad como esencia de salud y por otro lado el de acatamiento ligado al de enfermedad tan presente en los tiempos que nos está tocando vivir.

La posibilidad en haber logrado en muchos casos diversas formas de haber dado continuidad a procesos iniciados y que dicho fenómeno haya sido creado conjuntamente parece ser de un gran valor. Particularmente cuando desde el medio ambiente-país se haya habilitado y no obligado a implementar diversas formas de llevar a cabo la continuidad del proceso mitigando así la imposición y la consecuente vivencia de intrusión.

Martin Mas

BIBLIOGRAFÍA

D.W. Winnico< (2008) “La creatividad y sus orígenes” en “Realidad y juego” Cap.5 Edit. Gedisa, Barcelona.

Grupo Winnico< de AUDEPP, 1988-2020, reflexiones grupales y actas.

#Live com Adriana Mendonça Psicologa e psicanalista de Porto Alegre Em parceira com Espaço Transicional Winnicott Fortaleza

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Uruguay Natural, descubrí en este apartado algunos de los principales lugares para visitar.

Llegar vía aérea

A los aeropuertos internacionales del país llegan las principales líneas aéreas del mundo, con vuelos regionales desde Buenos Aires, Porto Alegre, San Pablo, Río de Janeiro, Asunción, Panamá, Santiago de Chile y Lima.

Además arriban vuelos internacionales de Estados Unidos y Europa. Los principales aeropuertos son el Aeropuerto Internacional de Carrasco (a 18 kilómetros del centro de Montevideo), el Aeropuerto Internacional Laguna del Sauce, en Punta del Este (Maldonado) y el de Colonia de Sacramento (Aeropuerto Internacional Laguna de los Patos).

El nuevo Aeropuerto Internacional de Carrasco fue inaugurado en 2009 y es considerado uno de los más modernos y atractivos del mundo. Desde allí se tiene fácil acceso al centro Montevideo y los destinos de la costa este, con buses directos hacia ambos puntos. También es posible contratar un transfer, tomar un taxi o alquilar un auto en algunas de las rentadoras localizadas en el aeropuerto.

Llegar vía Fluvial

Numerosas frecuencias de buques y ferrys unen a Buenos Aires con Colonia, Carmelo y Montevideo e incluyen la posibilidad de traslado de automóviles. Numerosos puertos deportivos también permiten el acceso a las embarcaciones privadas.

Las empresas Buquebus y Colonia Express llegan al puerto de Colonia y ofrecen paquetes con traslado en bus hasta Montevideo o Punta del Este. la primera también llega a Montevideo en forma directa.

La empresa Cacciola hace el trayecto entre Tigre y Carmelo, con paquetes que completan el tramo Buenos Aires-Montevideo por tierra.

Centro de Informes

Centro de InformesTeléfonoDirección
TRES CRUCES1885-801Av. Bulevar Artigas 1825, local 12
Paseos, guía turística

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Lugares cercanos y descuentos especiales para los participantes del encuentro.

Información a ingresar próximamente …

Dónde alojarse en Montevideo

La realidad nos impuso un cambio en nuestra práctica.

De una sesión a otra pasamos a trabajar a distancia, online o en cyberanálisis.

Analista y paciente atraviesan la misma crisis y emergencia.

Lluvia de ideas!

En este espacio pueden volcar temas de su interés que nos permitan seleccionar  y
abrir nuevos foros de discusión.

“En la perspectiva de Winnicott tenemos para pensar los modos de enfocar y concebir los efectos de lo impredecible. Otro tema a raíz de lo que nos toca atravesar es los modos de concebir el cuidado”

Noemí Lustgarten de Canteros

El individuo en el mundo del coronavirus: miedo, aislamiento, incertidumbre, impacto económico.